Línea de crédito o póliza de crédito para autónomos: cómo funciona y cuándo compensa
Qué es una línea de crédito (o póliza de crédito), en qué se diferencia de un préstamo, cuánto cuesta y cuándo tiene sentido para un autónomo o una pyme con baches de tesorería.

Ese mes en el que un cliente se retrasa, hay que adelantar el material de un proyecto grande o toca pagar la cuota de autónomos y el alquiler casi a la vez, la cuenta se queda corta unos días. Pedir un préstamo para eso parece desproporcionado —y además tarda—. Ahí es donde entra la línea de crédito, un colchón que muchos negocios contratan y casi nunca llegan a agotar, pero que está ahí cuando hace falta.
Una línea de crédito (también llamada póliza de crédito) es un límite de dinero que el banco pone a tu disposición para que dispongas de él cuando lo necesites, pagando intereses solo por lo que realmente uses. En esta guía verás qué es, en qué se diferencia de un préstamo, cuánto cuesta y cuándo tiene sentido contratarla. Pensada para autónomos y pymes que necesitan un margen de maniobra para los baches de tesorería, no financiación para una inversión grande.
Qué es una línea de crédito (o póliza de crédito)
Con una línea de crédito, el banco te concede un límite —por ejemplo, 10.000 €— y tú decides cuánto usas y cuándo. Puedes no tocarlo en varios meses, disponer de 2.000 € un mes concreto para cubrir un pago y devolverlos en cuanto cobres. El límite se libera a medida que vas devolviendo, así que puedes volver a usarlo cuantas veces haga falta mientras dure el contrato (normalmente un año, renovable).
Se instrumenta como una cuenta de crédito: el banco abre una cuenta con ese límite y tú operas contra ella igual que contra tu cuenta corriente, dentro del máximo pactado.
Línea de crédito vs. préstamo: la diferencia que importa
Es la confusión más habitual, y se resuelve con una idea:
- Préstamo: el banco te entrega todo el dinero de golpe y tú lo devuelves en cuotas fijas, con sus intereses, uses el dinero o no. Pensado para una inversión concreta (comprar un vehículo, una máquina, reformar un local).
- Línea de crédito: el banco te deja un límite disponible y tú solo pagas intereses por la parte que realmente dispones, el tiempo que la tengas dispuesta. Si no la usas, no pagas intereses (aunque sí puede haber una comisión por tenerla abierta, ver más abajo). Pensada para cubrir desfases puntuales de tesorería, no para financiar una compra grande.
Dicho de otro modo: el préstamo es para cuando sabes exactamente cuánto necesitas y para qué; la línea de crédito es para cuando no sabes si vas a necesitarlo, pero quieres tenerlo por si acaso.
Cómo funciona, paso a paso
- Solicitas la línea al banco, que estudia tu actividad, tus ingresos y tu historial (como con cualquier financiación).
- El banco fija un límite según tu perfil: por ejemplo, un porcentaje de tu facturación media.
- Firmas la póliza, con el límite, el tipo de interés, la comisión de apertura y la duración (habitualmente un año, renovable si todo va bien).
- Dispones del dinero cuando lo necesitas, normalmente con un simple traspaso desde esa cuenta a la tuya, sin tener que justificar cada disposición.
- Devuelves cuando puedes, dentro de las condiciones pactadas, y el límite disponible vuelve a subir por lo que devuelves.
- Al vencimiento, si el banco sigue confiando en tu negocio, la línea se renueva; si no, hay que devolver lo dispuesto y cancelarla.
Cuánto cuesta
No hay una cifra única —depende del banco, tu perfil y las garantías que aportes—, pero el reparto de costes suele tener esta forma:
- Comisión de apertura: un porcentaje sobre el límite concedido, se pague o no se use la línea.
- Intereses sobre el saldo dispuesto: solo sobre la parte del límite que tienes usada en cada momento, no sobre el total concedido. Es la gran ventaja frente al préstamo.
- Comisión de no disponibilidad: algunos bancos cobran un pequeño porcentaje sobre la parte del límite que no has usado, como compensación por tenerla reservada. No todos la aplican igual; conviene preguntarlo antes de firmar.
- Comisión de renovación: al final del periodo, si se prorroga la póliza.
La regla mental: una línea de crédito que no usas casi nunca sale barata; una que usas de forma sistemática para tapar un problema estructural, sale cara.
Qué garantías suele pedir el banco
Depende del importe y de tu perfil como autónomo o pyme. Es habitual que el banco pida un aval personal (la garantía del titular, y a veces de un socio o cónyuge) para importes moderados; para límites más altos puede pedir garantías reales (hipotecaria) o el respaldo de una SGR (sociedad de garantía recíproca). Cuanto más corto es tu historial o más irregular tu facturación, más peso tienen las garantías en la negociación.
Cuándo compensa (y cuándo no)
- Compensa cuando tu negocio tiene ingresos y gastos que no siempre coinciden en el tiempo —cobras a 30-60 días pero pagas nóminas y proveedores antes— y quieres un margen para esos desfases sin depender de que el banco te apruebe algo nuevo cada vez que aprietas.
- Compensa como colchón preventivo: contratarla cuando tu negocio va bien, para tenerla disponible el día que haga falta. Los bancos conceden mejores condiciones cuando no la necesitas con urgencia.
- No compensa como sustituto de un préstamo para una inversión grande: los intereses de una línea de crédito, a igualdad de importe y plazo, suelen ser más altos que los de un préstamo al uso.
- No compensa convertirla en costumbre para tapar un problema de fondo. Si agotas el límite todos los meses y nunca baja, el problema no es de financiación puntual, sino de que los gastos superan de forma estructural a los cobros: toca revisar precios, plazos de cobro o estructura de costes, no pedir más límite.
¿Y los impuestos? La línea de crédito no cambia tu IVA
Disponer de una línea de crédito es una operación financiera, no un hecho que afecte a tus facturas: el IVA y el IRPF de lo que factures se devengan igual, uses o no la línea para cubrir el hueco de caja mientras tanto. Lo que sí debes registrar como gasto son los intereses y comisiones de la línea, que son deducibles como gasto financiero de tu actividad. Ante cualquier duda sobre cómo encaja en tu caso concreto, coméntalo con tu asesoría.
Dónde encaja Fube
La línea de crédito se contrata y se gestiona con el banco: Fube no concede financiación ni es una entidad de crédito. Lo que sí hace Fube es darte la visibilidad que necesitas para saber si de verdad te hace falta tirar de ella.
Con las facturas emitidas y sus vencimientos ordenados, el panel de tesorería muestra qué vas a cobrar y cuándo, para anticipar los meses en los que el hueco entre cobros y pagos puede apretar. Y con el extracto bancario importado y conciliado, ves de un vistazo cuánto has dispuesto realmente de tu línea y cuánto te queda libre. Cuanto mejor conozcas tu previsión de cobros, con más criterio decides si tocar el límite o esperar al próximo cobro.
Preguntas frecuentes
¿Pago intereses si contrato una línea de crédito y no la uso?
Por los intereses de disposición, no: se calculan solo sobre lo que dispongas. Pero sí puede haber una comisión de apertura al firmarla y, en algunos bancos, una pequeña comisión de no disponibilidad sobre la parte del límite que no uses. Revísalo en las condiciones antes de firmar.
¿Es lo mismo una línea de crédito que una póliza de crédito?
Sí, son dos nombres para el mismo producto: un límite de disposición que el banco te concede y que se instrumenta mediante una póliza (el contrato) sobre una cuenta de crédito.
¿En qué se diferencia de un préstamo?
En el préstamo recibes todo el importe de golpe y lo devuelves en cuotas fijas, pagando intereses sobre el total desde el primer día. En la línea de crédito solo dispones del dinero que necesitas en cada momento y solo pagas intereses por esa parte.
¿Afecta a mi IVA o a mi IRPF usar la línea de crédito?
No cambia el devengo de tus facturas: el IVA y el IRPF siguen su calendario habitual. Los intereses y comisiones que pagues por la línea sí son gasto deducible de tu actividad.
La línea de crédito no resuelve un problema de fondo en tu negocio, pero sí te da margen para los baches puntuales sin depender de aprobaciones urgentes. La clave está en tenerla como colchón, no como costumbre —y eso se decide mejor cuando ves venir los cobros con antelación. Con Fube controlas tus vencimientos y tu tesorería en un panel claro, para saber en todo momento si de verdad necesitas tirar del límite.



